Sevilla,
May 16, 2016
Autor: Mª José Jiménez
El petróleo barato no mejora la economía

28/04/2016 | Economía

ANTONIO BRUFAU, PRESIDENTE DE REPSOL 

Al presidente de Repsol le duele el Barça en plena Champions. Por lo demás, Antonio Brufau (Mollerusa, Lérida, 1948) es un optimista convencido. Así se reconoce varias veces durante la entrevista. Cree que el acuerdo climático de la Cumbre de París de diciembre pasado demuestra la intención de 195 países de contribuir a un planeta más sostenible. Desconfía de los adjetivos verde y limpia que se usan para definir la energía; en boca de los políticos quedan muy bien, pero son palabras vacías de contenido, dice, sin embargo sí habla repetidamente de energía justa y responsable. El sector petrolero tiene que conseguir que la energía cueste lo que la gente pueda pagar gestionando el futuro en un entorno de precios bajos. A falta de una definición clara de política energética porque carecemos de gobernanza global en el mundo, el mix energético no cambiará mucho en los próximos años, como tampoco lo ha hecho desde 1976, porque el consumo crecerá conforme aumente la clase media.

P. ¿Qué pasará con los precios del petróleo y su volatilidad en el futuro?

R. El precio del petróleo es volátil, tiene muchas oscilaciones debido a la oferta y demanda o por la actuación de la OPEP. ¿Pesa mucho en la economía? Sí, pesa, pero cada vez menos. Hace 15 años el consumo de energía crecía igual que el PIB. Hoy la demanda crece menos que el PIB gracias a la eficiencia energética. Lo que ha conseguido la OPEP es que paremos todas las exploraciones caras.

Las petroleras vamos a sufrir hasta que el mercado se imponga y la OPEP deje de fijar los precios.

P. El ciudadano tampoco nota tanto que los precios de los derivados del petróleo bajen.

R. Sí se nota. Aunque en la formación del precio de la gasolina o el gasóleo, más de la mitad son impuestos fijos, que van al Estado. La gente no percibe tanto las bajadas porque la mitad de lo que paga no tiene nada que ver con el precio del crudo.

P. ¿Cómo evolucionarán los precios del crudo tras el fracaso de la reciente  reunión de la OPEP?

R. Ojalá no existiera la OPEP. Es un grupo de países que históricamente ha utilizado su capacidad de producción para fijar el precio y esto, en reglas de mercado, significa distorsionarlo. A mí me gusta el mercado puro, que la oferta y la demanda compitan. Que tres o cuatro países con grandes reservas le digan al mundo a qué precio tiene que estar el petróleo, distorsiona las reglas del mercado, lo cual no es bueno, pero está ocurriendo. Prefiero pasar unos tiempos difíciles para que, en un momento dado, el mercado se imponga.

P. ¿Y cómo se consigue?

R. Se consigue con lo que pasó en la reunión de Doha el otro día: dejando la producción libre. El brent ha subido en Bolsa, está a 46 dólares, y Repsol también. Después del fracaso de Doha, las cosas van por otro sitio. A mí ahora me gusta más. Que la OPEP produzca lo que pueda, que el precio ya se irá ajustando. El fracking ha sido la consecuencia de un precio alto del petróleo. Un avance tecnológico con el que hemos empezado a producir petróleo a 50-60 dólares. Es el mercado. La OPEP, cuya política era extraer el máximo valor de cada barril a través del control de la producción, ha reaccionado ante él produciendo más y bajando el precio. En 2015 el mundo consumió 94,5 millones de barriles al día. Los proveedores deberíamos trabajar para dar respuesta a esa demanda, pero la política de Arabia Saudí hizo que se produjeran 96 millones de barriles. Cada día sobraban 1,5 millones, que se almacenaban. Los saudíes han sacado del mercado a quienes empezaban a producir a 50-60 dólares, que han cerrado o recortado la producción.

P. ¿Cómo afecta la situación política de España a una empresa global como Repsol?, ¿hay menos inversiones?

R. A cualquier empresa lo que le va bien es la estabilidad, la certidumbre y la seguridad de que las decisiones que se están tomando se mantendrán. Esto no quiere decir que la situación de España sea inestable e incierta. Hay que formar Gobierno y se formará. Para esto está la democracia. Nosotros no hemos parado ninguna inversión. Las inversiones tienen procesos de maduración largos. Nadie desinvierte o no invierte por razones políticas circunstanciales.

P. ¿No afectarán entonces las menores perspectivas de crecimiento, que hasta el Gobierno ha revisado a la baja, o la bajada de la Bolsa?

R. Un crecimiento de un 2,7% es un buen crecimiento. El gran problema de este país es el paro y hay que hacer todo lo posible para que deje de serlo. Pero crecer el 2,5% y el 3% este año y el que viene es un éxito para el Gobierno anterior y una responsabilidad mantenerlo para el viene. Soy optimista. En cuanto a la Bolsa, sin duda ha caído, pero igual que cae se recuperará.

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